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Pimpollo, poema escrito por:



Pimpollo
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Pimpollo quiero hablarte, y a solas,
porque quiero
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más que decirte cosas, mostrarme por adentro.
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Pimpollo de mi alma yo sé que tu silencio
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más que palabras lindas necesita un espejo,
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si bien yo soy tu padre, y eso me da derechos,
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sé que a tu edad no valen algunos argumentos,
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que sobran ciertas frases, y hace falta el ejemplo,
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por eso me conformo con que me creas sincero.
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Claro que yo debiera ser más amigo, tengo
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que estar más cerca tuyo de vez en cuando al menos,
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y sobre todo ahora, Pimpollo, en este tiempo
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en que tu sangre joven busca su derrotero,
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y se te van los ojos al país de los sueños,
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y se quedan tus manos para escribir recuerdos,
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ahora que en mi alma también hay algo nuevo
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algo que no quisiera decirte que son “celos”
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porque sabrás, Pimpollo que aunque no lo demuestro,
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y aunque de la impresión de estar solo en los pesos,
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me preocupan tus pasos y te sigo de lejos.
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Si supieras las noches, que te pienso, y te pienso,
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lo hablamos con tu madre, la pobre según veo
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vive más el problema, sufre tu crecimiento
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da vueltas con ustedes, y lleva todo el peso
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de la casa, yo, a veces, parezco un forastero
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y es que, yo fui educado de otra forma, otro tiempo,
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te mentiría si te digo que no temo,
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si al no hallar las palabras muchas veces me muerdo,
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y me trago las ganas de contarte mis miedos,
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porque los hombres, somos así ¡de carne y hueso!
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Pimpollo, somos luz y sombra al mismo tiempo,
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llevamos en nosotros algo así como un fuego,
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una chispa sagrada, madre de tanto incendio.
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Ustedes, las mujeres en cambio, llevan dentro
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un manantial sagrado y es que Dios mismo ha puesto,
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en el cántaro tibio de sus hermosos cuerpos
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el agua de la vida, un grandioso misterio,
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por eso es que te pido, o mejor te recuerdo,
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la vida es un camino, tenés que recorrerlo,
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acordarte que abundan los entretenimientos.
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¡No juegues con la vida! ¡Cuidado con el fuego!
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No quiero que te quedes mirando mis defectos,
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ni quiero que me busques en los rostros ajenos,
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tenés que preocuparte de hallar tu compañero,
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que ya dejó a los suyos, y viene hacia tu encuentro.
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Salí de vos, te invito a que hagas un esfuerzo,
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larga esos colibríes que hay en tus ojos nuevos,
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y recorre horizontes ¡andate hasta otros cielos!,
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conoce otros paisajes, ¡si es tuyo el universo!.
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Llénales de preguntas al río, al sol, y al viento,
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habla con los caminos, te dirán lo que vieron,
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son mis viejos amigos y te irán repitiendo:
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los que buscan encuentran, no te apures que hay tiempo.
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Y es cierto, es mi experiencia lo poquito que tengo,
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que le gané a la vida, mira alrededor nuestro,
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nada se hace de golpe la dicha es un secreto.
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¡Hacer todas las cosas a su debido tiempo!
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Ya vas a ver, Pimpollo, ¡qué hermoso es todo eso!
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tendrás ganas de darte, y es que podrás hacerlo,
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porque para ese entonces ya volverás sabiendo,
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que el amor, solamente el amor, da derechos,
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pero el amor, Pimpollo, recordalo, no es ciego,
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tiene luz en los ojos, y te sirve de espejo,
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te toma de las manos, y lo sentís adentro,
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entrecerrás los ojos ¡y estás tocando el cielo!
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Perdóname, Pimpollo, me inspiro, y me voy lejos,
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no sé si es el cariño o estoy quedando viejo,
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debía y no sabía como serte sincero,
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ya ves, quise mostrarte, como estás aquí adentro,
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y ahora que ya dije lo que padezco y siento
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quisiera regalarte dos cosas: ¡Una!, el riesgo
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de equivocarte la otra, una frase, un secreto:
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Ama y ¡Haz lo que quieras, Pimpollo... Yo te quiero!

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