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Dime Oráculo
-
- Dime
Oráculo, Ser de las Adivinaciones.
- ¿Es
siempre la hoja marrón una hoja marchita,
- o puede
ocurrir también, oh Oráculo, Ser de las Adivinaciones,
- que la
hoja marrón crezca fuerte y fresca, carnosa y viva,
- como
cualquier otra hoja verde, con ramificaciones blancas?
-
- Dime
Oráculo, Ser de las Adivinaciones.
- ¿Poseo una
mano pálida y hábil para las enseñanzas de la tierra?
- ¿Poseo la
capacidad de dar vida a lo inanimado?
- ¿O me veré
relegada, como mis antepasadas, a engendrar,
- a sentir
en mi vientre los movimientos líquidos, lentos y densos,
- de un ser
creciente dentro de mí?
- ¿Podré
tocar piedra y decir “Vive piedra”
- y hacer
que la piedra viva?
- ¿Podré
poner la mano en río y decir “Avanza río”
- y
conseguir que las aguas fluyan sin sequía posible?
- ¿Podré
traer al hombre de la camisa blanca de vuelta a este hogar
- y decir
“Hombre, vuelve y permanece”,
- y lograr
que me acune de nuevo
- entre sus
brazos de largo caminante,
- sobre sus
piernas de sagaz observador?
-
- Estoy
jugando a danzar entre las nubes y arañas de tierra seca.
- Estoy
jugando a buscar entre las rocas azules
- tesoros de
antiguas civilizaciones salvajes y crueles con los débiles.
- Estoy
jugando a hallar en las uñas negras de mis dedos
- los restos
de la tierra que penetro con las manos doloridas, sucias,
- y cada vez
más hábiles. Dime, Oráculo.
- ¿Dónde
están mis manos, blancas,
- capaces
manos de acariciar los cabellos
- de aquel
que llegó por el sendero abandonado hasta la casa
- que
habitamos,
- mientras
me mecía
- y me
susurraba al oído canciones de un mar que no he visto?
- ¿Dónde
están mis manos blancas mientras penetro la tierra
- con estos
sucios
- y fríos
dedos,
- que no sienten ya el rastro de
la arena entre ellos?
que no sienten ya el rastro de la arena
entre ellos?
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