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Poemas escritos por:








- Cuento de Mar
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- Voy a beberme el mar.
- Ya tengo listo mi velero
fantasma.
- No le he trazado rumbos a mi
ausencia,
- no he fatigado el mapa
- localizando zonas que no bailen
- al macabro jazz-band de las
borrascas.
- Viajaré simplemente,
- sin triangular alturas ni
distancias,
- llevando en el timón a Don
Quijote
- y la rosa del viento en la
solapa.
-
- Acompáñame tu dulce chiquilla,
- partiremos al alba,
- cuando los alcatraces no
dibujen
- su ecuación de naufragios sobre
el agua.
- Arranca tus raíces de la
tierra.
- abre tu citolegia de nostalgias
- y vamos a bebernos el océano
- en la copa
de luz de las
montañas;
-
- visitaremos todos los países,
- los puertos y las radas.
- Te compraré crepúsculos en
Chipre.
- Un elefante niño al sur del
África.
- Un gajo de luceros en Corea.
- Dos elásticos tigres de
Bengala.
- El dolor milenario de un
camello.
- Y la fatiga estéril del Sahara.
-
- En el Japón te mostraré los
biombos
- con figuras bilingües y
enigmáticas.
- En Pekín buscarmos la muñeca
- de blanco corazón de porcelana.
- Haremos de bambú balsas de
ensueño
- para subir un río de
esperanzas.
- Y te daré un sombrero en forma
de hongo
- y unas chinelas para tu pijama.
-
- Pasaremos a Escocia y a
Noruega.
- Después navegaremos a Finlandia
- para buscar la estirpe de un
vikingo
- de ojos azules y de luenga
barba,
- que se murió coleccionando
fiordos
- en el álbum con sal de su
nostalgia,
- mientras su vieja pipa marinera
- quemaba archivos íntimos del
alma.
-
- Y siempre sin control, siempre
viajando,
- iremos al país de Sherezada
- y allí te contaré Mil y una
Noches
- de reyes y de esclavas,
- de romances y torres de marfil
- de bazares, de alfombras y de
flautas,
- de madrigales y de surtidores
- de pie como las cobras
encantadas.
-
- Subiremos al Rhin buscando a
Wagner
- y su Tetralogía desvelada.
- Cazaremos los cisnes
hiperbóreos
- que abanican la muerte con sus
alas.
- Te diré que la música es un
vino
- que cuando estamos tristes se
derrama.
- Y que el silencio es un
santuario celta
- donde reposa el corazón de un
arpa.
-
- Y fatigando el mar, ¡Qué
importa el tiempo!
- visitaremos la ciudad sagrada,
- la tierra de la cruz y del
olivo,
- la que escuchó el Sermón de la
Montaña,
- la patria de Jesús y de María
- la que arrulló las
bienaventuranzas,
- la tierra donde un tosco
carpintero
- pulió a garlopa el globo de una
lágrima.
-
- En otro amanecer arribaremos
- a las Islas Canarias.
- te compraré su nombre que es un
trino
- diluido en el agua.
- Para pescar luceros en el fondo
- te bastará la red de tus
pestañas,
- y aprenderás que a Dios también
se llega
- por el verde camino de las
algas.
-
- Si sueñas ver a Nápoles,
- cruzaremos por mármoles de
Italia,
- y te daré una góndola en
Venencia
- y en Asís la humildad de una
campana.
- Compraremos al Dante sus
Laureles
- y a Benvenuto su luciente daga,
- para tu muñequero de ilusiones
- y tu azul inquietud de
extravagancias.
-
- Buscaremos ositos en Siberia
- rutas de manzanilla al sur de
España,
- la sombra adolescente de
Platero,
- la capa de Unamuno en
Salamanca,
- la fatiga inmortal de
Rocinante.
- El dardo del Amor Clavado en
Ávila,
- la Morena ascendencia de “El
Cachorro”
- y el
llanto de Boabdil sobre
Granada.
-
- Y cuando tengas sueño, mi
pequeña,
- cuando te canses de medir
distancias
- y no quieras viajar a la deriva
- con la estrella polar a las
espaldas,
- te arrullaré, mientras mi vieja
pipa,
- que compré a un bucanero en
Samarcanda,
- quema frente a la noche de tus
ojos
- mi viejo contrabando de
nostalgias.
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