La
deshora
- ¿Y
qué habré de decir para que entiendan
- los
nardos que ya todo ha concluido?
- ¿Qué
palabra podría convencerlos
- de
que no es tu llegada lo que aguardo?
- Se
abren las luces nuevas y murmuro:
- «Hoy
no diré su nombre.
- Estoy
en el pasado. Hay que partir
- a
buscar pastos nuevos.» Pero el alma,
- enferma
y distraída, no me sigue
- y
se queda extasiada en tus praderas.
-
- ¿Qué
puedo yo contra esta voluntad
- de
estarme con tu olor y tu recuerdo?
- ¿Cuenta
acaso mañana para quien
- vivió
hasta ayer su tierra prometida?
-
- En
la llanura no aparece el nuevo
- pastor
imperativo
- y
hacia el anochecer, indestructibles,
- manejo
pruebas de papel y seda.
- Cerca
pasan el agua y la sonrisa:
- el
pasado es lo único que anhelo.
- «Esta
sangre -me digo-
- debiera
ser de piedra»,
- mas
sé que he de olvidar lo inolvidable:
- llegarán
otras manos y otra boca,
- otra
cintura borrará la tuya.
- Pero
hoy debo decir a los amantes
- que,
donde quiera que tú estés, te amo.
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