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Vuelve a sonar entre la noche oscura
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un valse de guitarras,
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pero ya no es el mismo que una noche
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mirándome en tus ojos escuchaba.
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Ya no es la misma música que oímos
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ahogando de emoción nuestras palabras,
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cuando mis labios, rosas palpitantes,
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inquietaron tu adiós como dos alas.
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Podrán decirte que cruzando mares
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ciño el laurel sobre la frente pálida,
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o que vestida de sayales burdos
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bebo el dolor con la sonrisa casta.
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Tú siempre me hallarás con las pupilas
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fijas en el tic-tac de tu llegada,
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aunque todas las copas de la vida
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se curven de esperar a mis espaldas.
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Mi boca, fuente pura de caricia,
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para tu sed se verterá como
ángora;
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mis manos, nidos tibios de ternura,
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acunarán tu frente fatigada.
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Vuelve a sonar el valse, nada importa
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si tan distante de mi voz te hallas,
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si para recordarte sólo tengo
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mi verso azul humedecido en lágrimas.
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Guarda mi canto nacido en una noche,
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tibia de anhelos, honda de esperanzas,
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tiene todo el calor de mis poemas
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y el suave ungüento de mis horas blancas